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Meade MacGuire
La Vida Victoriosa y Cómo Obtenerla

“Vi que nadie podrá participar del "refrigerio" a menos que haya vencido todas las tentaciones y triunfado del orgullo, el egoísmo, el amor al mundo y toda palabra y obra malas.” Primeros Escritos, p. 72.

“Las condiciones para obtener la vida eterna, bajo la gracia, son exactamente las mismas que existían en Edén: una justicia perfecta, armonía con Dios y completa conformidad con los principios de su ley. La norma de carácter presentada en el Antiguo Testamento es la misma que se presenta en el Nuevo Testamento. No es una medida o norma que no podamos alcanzar. Cada mandato o precepto que Dios da tiene como base la promesa más positiva. Dios ha provisto los elementos para que podamos llegar a ser semejantes a él, y lo realizará en favor de todos aquellos que no interpongan una voluntad perversa y frustren así su gracia.” El Discurso Maestro de Jesucristo, p. 66

Qué es Victoria?

Hay mucha confusión debido a la variedad de nociones sobre qué es la vida victoriosa. La victoria sobre el pecado no significa libertad de la tentación. Mientras estemos en este mudo, siempre seremos tentados, pero Dios ha hecho amplia provisión para que siempre salgamos victoriosos.

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” 1 Cor. 10:13.

“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.” 2 Cor. 2: 14.

La Victoria sobre el pecado no puede ser lograda mediante resoluciones, o por luchas, o por algún esfuerzo humano. No puede ser obtenida por medio de un crecimiento gradual. La “vida victoriosa” es tan solo otra expresión pare decir “justificación por fe”. Cuando hablamos de alguien que obtiene justificación por fe, no pensamos que él haya obtenido perfección sin pecado. No debemos pensar en el hombre mismo. Debemos pensar en el Salvador cuya justicia el hombre ha recibido. No debemos reconocer las resoluciones del hombre o sus luchas u obediencia a la ley como la base de su justicia. Esta vino a él por medio de la gracia como un regalo, enteramente como respuesta al ejercicio de su fe. La ley dice, “Haz, y vivirás”; pero la gracia dice, “Cree, y vivirás”. Aquellos que están buscando justicia, o victoria sobre el pecado, “haciendo”, están bajo la ley, y lo que obtienen es su propia justicia, o trapos de inmundicia. “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo'' Gal. 2: 21.

La Victoria por fe no significa una vida de placer e inactividad. La certeza de tener a Cristo en el corazón, trayendo libertad y paz, despierta e intensifica las más altas energías  de la mente y el cuerpo, e inspira al servicio más leal y abnegado para Dios.

Tener una vida victoriosa no significa que nunca caigamos en pecado de nuevo. La Victoria es en Cristo. No puede haber victoria sin el Vencedor. Cristo habita en el corazón por fe. Mientras la presencia de Cristo en nuestro interior sea una realidad, habrá victoria. Pero aquel que pierde la vista de Cristo, pierde la vista de la victoria, e invita a la derrota.

Muchos caen porque su salvación depende de lo que ellos creen, los hechos de fe, y no de Jesús, el Salvador del pecado. La vida victoriosa no puede ser separada del Único que ha podido vencer al pecado en carne humana. Solo cuando un hijo de Dios pierde la presencia de Cristo puede entonces ceder al pecado voluntariamente.

“La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y el henchimiento del vacío con las gracias del Espíritu Santo. Significa iluminación divina, regocijo en Dios, Significa un corazón despojado del yo y bendecido con la presencia permanente de Cristo. Cuando Cristo reina en el alma, hay pureza, libertad del pecado.” Palabras de Vida del Gran Maestro pp. 346, 347.

Hay una parábola acerca de una maleza fea que creció en un hueco. Un día el jardinero vino y la desenterró. La maleza dijo, “¿qué puede querer el jardinero de mí? Seguramente no sabe que soy solo una maleza sin valor. El jardinero tomó la maleza y la puso en medio de las rosas en su jardín. Entonces la maleza dijo “qué error tan grande ha cometido. Solo puede terminar en desilusión”. Pero el jardinero vino y plantó unos botones en la maleza y en pocos meses florecieron rosas tan hermosas como las del jardín. Entonces el jardinero dijo “no fuel ago que tú tuvieras en ti lo que produjo estas hermosas flores, pero fue lo que yo puse en ti”.

Cuando una persona, con completa conciencia de su pecaminosidad, perdida y sin esperanza, le da la espalda a sus propios esfuerzos, y acepta la justicia de Cristo como suya, habrá dado el primer paso hacia una vida victoriosa. El individuo mantiene esa vida desistiendo de todos sus esfuerzos para ser bueno, y aceptando a Cristo cada momento como su justicia habitando en él. 

La Victoria es Posible

Las Escrituras y Testimonios enseñan de manera categórica que la vida de victoria sobre el pecado es el privilegio y deber de cada hijo de Dios. Dios ha hecho provisión, no solo para la futura salvación del castigo del pecado, sino también para la salvación presente del poder del dominio del pecado.

Su pueblo está salvo ahora: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mat. 1: 21.


Su pueblo es limpio ahora: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” I Juan 1:9.

Su pueblo es liberado del pecado ahora: “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” “y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.” Juan 8: 34,36; Rom. 6:14, 18.

Su pueblo es guardado del pecado ahora: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría.” “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Judas 24; 1 Tes. 5: 23.

Estos versos inspirados acerca de la liberación y preservación del pueblo de Dios del dominio del pecado son tan claros que no cabe otra interpretación.

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” 1 Juan 3: 9.

“Todo aquel que permanece en Él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.” 1 Juan 3: 6.

“Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.” 1 Juan 5:18.

El asunto de nuestra relación con el pecado puede ser puesta de otra manera. Nosotros somos pecadores por naturaleza, y es imposible para la naturaleza pecaminosa resistir y vencer al pecado. Pero si estamos dispuestos, Dios propone hacer un milagro dentro de nosotros por medio del cual llegamos a ser copartícipes de la naturaleza divina, y es imposible que la naturaleza divina sea vencida por el pecado. Esta experiencia viene solo en respuesta a nuestra fe; es decir, creemos que está hecho, y Dios lo hace realidad.

“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Rom. 6: 11.

El pecado no está muerto, pero nosotros estamos muertos al pecado siempre y cuando estemos vivos para Dios por medio de Jesucristo. Debemos recordar que la victoria ya fue ganada por nosotros, y solo nos falta dejar a Cristo ganar la victoria en nosotros.

“Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia.” Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 253.

“Cuando un alma recibe a Cristo, recibe poder para vivir la vida de Cristo.”  -Ibid., p. 253

Cómo Obtener la Victoria

Todos los cristianos verdaderos saben qué es aceptar el ofrecimiento de perdón de Dios y Su limpieza de todo pecado cuando lo confesamos. Ellos simplemente creen que Dios cumple Su Palabra, y que sus pecados son perdonados. Lo creen en el instante y Dios así lo hace. Son justificados mediante la fe. Son libertados de la condenación y el castigo del pecado.

De la misma manera pueden los cristianos obtener libertad del poder y del dominio del pecado. Así como Cristo ha pagado el costo de nuestros pecados y ha hecho posible el perdón, así también ha vencido Él al pecado y ha hecho posible la libertad del mismo.

¿Estuviste alguna vez consciente de tu condición perdida y pecaminosa? ¿Fuiste a Dios y confesaste tus pecados, orando por perdón por los méritos y en el nombre de Cristo? ¿Creíste que Dios te perdonó y te regocijaste en Su amor perdonador? En la misma forma y en los mismos términos puedes obtener la libertad completa e inmediata de la esclavitud de todos tus pecados. Cada regalo de Dios llega a nosotros, no por medio de Cristo, sino “en Cristo”. Es de vital importancia que recordemos esta gran verdad.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.” Efe. 1: 3

Por el pecado perdimos la vida, la pureza, el poder, la comunión con Dios, todo aquello que es de valor eterno. En Cirsto, todo eso es devuelto a nosotros de nuevo. Un pasaje clave maravilloso se encuentra en 1 Juan 5: 11, 12:

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

Dios tiene vida eterna para cada ser humano, pero nosotros somos esclavos del pecado, y si Dios nos diera vida eterna, nosotros pecaríamos y nos convertiríamos en pecadores inmortales. Por ello, Dios ha puesto la vida eterna para nosotros en la persona de Cristo. Cuando dejamos que Cristo entre y habite en nuestros corazones, Él nos guarda del pecado, y así no hay peligro en que tengamos vida eterna. La vida no nos es dada a nosotros ni se convierte en nuestra, sino que permanece en Cristo y es nuestra sólo cuando Cristo está dentro de nosotros. Ni la vida ni la victoria pueden existir lejos de Cristo. Sabemos que no poseemos la vida eterna por naturaleza, y que ningún esfuerzo o sufrimiento nuestro puede producir vida eterna en nosotros: está toda absolutamente en Cristo.  

Algo que parece que no vemos claro es que no poseemos ningún otro atributo de Dios, ni tampoco el poder para obtenerlos. No tenemos paz, ni gozo, ni fe, ni sabiduría, ni victoria, de la misma forma en que no tenemos vida. Todos estos vienen como regalos, y todos son recibidos en el único gran regalo de Cristo. Es posible, sin embargo, aceptar a Cristo por Su perdón  y no darnos cuenta de Su sabiduría o Su paz o Su fe. Dios ha puesto todo esto en Cristo para nosotros, pero no recibimos sino solo aquello que vemos y pedimos por fe.

Esto es particularmente cierto acerca de la victoria sobre el pecado. Jesús dice “tú no puedes vencer al pecado, y ya que te es imposible, es inútil y desmoralizador par ti que trates y luches para vencerlo. Yo he venido para hacer lo que es imposible para ti. Yo he sido tentado en todo como tú lo has sido, y he obtenido la victoria completa y eterna para ti. Acéptame, ríndete a Mí, mora en Mí, y la victoria es tan tuya como lo son la vida y el perdón”. 'Todo aquel que permanece en Él, no peca'. La victoria es en Cristo. No podremos nunca tener victoria fuera de Cristo, ni nunca podremos ser vencidos con Cristo.

“Es la comunión con Cristo, el contacto personal con un Salvador vivo, lo que habilita la mente, el corazón y el alma para triunfar sobre la naturaleza inferior.”-Palabras de Vida del Gran Maestro p. 320.

“Por medio de la entrega del yo y la fe imperturbable, Jacob ganó aquello por lo cual había luchado en vano con sus propias fuerzas. "Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" ”-El Discurso Maestro de Jesucristo, p. 122.

Cómo Mantener la Victoria

“Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.” 1 Juan 3:6.

Para el discípulo amado era inconcebible que uno conociera a Jesús y continuara en pecado. Él escribió: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis.” 1 Juan 2:1. Evidentemente él escribió esta epístola, explicando los secretos de la comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo, con el mismo propósito de dejar claro cómo los cristianos pueden vivir sin pecado. Él agrega: “y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”

“ 'Si alguno hubiere pecado' muestra que inclusive un santo puede pecar. Pero si el santo llegara a pecar -noten esto- 'tenemos un abogado para con el Padre'. Hay una propiciación perfecta proveída para nosotros. No hay permisión del pecado, sino una perfecta provisión en caso de que pequemos; no hay necesidad de pecar, no hay derecho a pecar, no hay que ceder al pecado, no hay licencia, sino una provisión en caso tal que pequemos. En un barco la provisión de chalecos salvavidas no está asociada con la intención de tener un náufrago, pero están ahí en caso de necesidad.” - “Deben los cristianos pecar?”

Una vez hayamos buscado y pedido la victoria por fe, debemos mantenerla de la misma manera en la que fue recibida. Las palabras usadas por el Espíritu Santo para describir la relación del creyente con Cristo son, sométete, comprométete, ríndete, permanece. “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos” “Permaneced en Mí, y Yo en vosotros”. El pámpano no se conectó a sí mismo con la vid, ni lucha por permanecer conectado.

“Encomendad vuestra alma al cuidado de Dios y confiad en él. Hablad de Jesús y pensad en él. Piérdase en él vuestra personalidad. Desterrad toda duda; disipad vuestros temores. Decid con el apóstol Pablo: "Vivo; mas no ya yo, sino que Cristo vive en mí: y aquella vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó, y se dio a sí mismo por mí' (Gálatas 2: 20). Reposad en Dios. El puede guardar lo que le habéis confiado. Si os ponéis en sus manos, él os hará más que vencedores por Aquel que nos amó. Cuando Cristo se humanó, se unió a sí mismo a la humanidad con un lazo de amor que jamás romperá poder alguno, salvo la elección del hombre mismo. Satanás constantemente nos presenta engaños para inducirnos a romper este lazo: elegir separarnos de Cristo. Sobre esto necesitamos velar, luchar, orar, para que ninguna cosa pueda inducirnos a elegir otro maestro; pues estamos siempre libres para hacer esto. Mas tengamos los ojos fijos en Cristo, y él nos preservará. Confiando en Jesús estamos seguros. Nada puede arrebatarnos de su mano. El Camino a Cristo pp. 63 - 64.

Finalmente, recordemos que rendirse, por más que sea completamente, es solo la mitad del secreto de la victoria. Muchos han rendido todo pero no han sido victoriosos. Es tan esencial que pidamos la victoria en Cristo, como lo es que enfrentaremos la derrota sin Él.

“Por la fe llegasteis a ser de Cristo, y por la fe tenéis que crecer en él dando y tomando a la vez. Tenéis que darle todo: el corazón, la voluntad, la vida, daros a él para obedecer todos sus requerimientos; y debéis tomar todo: a Cristo, la plenitud de toda bendición, para que habite en vuestro corazón y para que sea vuestra fuerza, vuestra justicia, vuestra eterna ayuda, a fin de que os dé poder para obedecerle.” Ibid., p 61, 62.

Haríamos bien en meditar sobre estas palabras maravillosas: “da todo” y “toma todo”. Con seguridad aquí hay provisión abundante para una vida victoriosa, sin largos años de lucha agonizante ni incertidumbre dolorosa.

Lo que Dios ha proveído con generosidad divina, aceptémoslo con la sencillez de una niña cuando le preguntaron qué había de diferente desde que se convirtió en una cristiana. Ella respondió, “Desde que dejé a Jesús entrar en mi corazón a morar, cuando satanás toca a la puerta yo respondo 'Jesús, responde a ese toque por favor', y cuando Él va a la puerta, satanás dice 'O, discúlpeme, he venido a la casa equivocada'.

Hay abundancia de electricidad para que el tren ande siempre y cuando haya contacto con la corriente. Así también no hay falta de poder para la vida victoriosa siempre y cuando el contacto sea mantenido mediante la oración sin cesar, y la alimentación diaria de la Palabra de Dios, junto con fe y sometimiento continuamente.

“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Cor. 15:57

Australasian Record, Agosto 8, 1921.

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